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sábado, 17 de abril de 2010

Ultimamente estoy preguntona

Me gustaría saber cómo se hace...
Cuando me despierto por las mañanas y ella no está a mi lado y aunque sea pleno verano su ausencia es como un frío que cala hasta la vena cava superior (y el alma)...y es que se la extraña tanto...
Abro un ojo, el otro, me hago conciente de mi misma después de la inconciencia del sueño, de ese no ser momentáneo, y ya desde antes de recordar quién soy o quién intento ser, mi mente y mis sentidos hacen aflorar su figura, su rostro que ya conozco como la palma de mi mano, y se hace tan real que extiendo mi mano para tocarla y no está, mis dedos se tropiezan con el vacío. Y su falta, su no estar, duele y pesa, pero no es un dolor insoportable, porque sé que ella me pertenece de la misma manera en la que yo le pertenezco y que en verdad no estoy sola ni ella lo está.
Si estuviéramos en el paraíso, no nos alcanzaría una plantación de manzanos con sus respectivas frutas maduras para cometer todos los pecados que se nos cruzan por la cabeza cuando estamos juntas, hay que ver de qué somos capaces las tímidas cuando nos desinhibimos... Por algo dicen que somos las peores.



Escribo esto mientras ella duerme, en su cama, en su departamento, en una ciudad a 250km de aquí, y puedo imaginarla y creo adivinar que yace sobre su lado derecho, las piernas flexionadas, sus brazos alrededor de un almohadón (que suerte tiene el almohadoncito ese) los rulos desparramados por el rostro y la espalda, la respiración tranquila, con la sábana tapándole la oreja (no puede dormir si no tiene las orejas tapadas) Y esa imagen me llena de ternura, me puede.
Que existan muchos Paraísos, con esta mujer estoy dispuesta a caer y recaer.
¡Pasáme esas manzanas!