| Respiración breve, espasmódica, no puedo despertar. Me muevo en un espacio de negrura que es infinito y asfixiante, me siento atrapada en una gelatina cósmica. Un árbol muerto, luces suspendidas de ninguna parte, un laberinto de lámparas apiladas. Recorro el laberinto, he estado antes, pero no recuerdo el camino. Lámparas antiguas, lámparas modernas, todas encendidas, son las paredes de mi laberinto. Tic-tac-tic-tac-tic-tac...Un reloj, no logro ubicar de dónde proviene el sonido, dentro de mi cabeza, dentro de mi corazón angustiado. Llamo, grito, estiro mi mano al vacío, para encontrar más vacío, y mi mano se pierde en la opacidad. Las bombitas incandescentes están encendidas pero no iluminan, la oscuridad se devora la luz, y la regurgita en una masa informe repitiéndose a si misma, reproduciéndose. Camino sin pausa, pero parece que es el laberinto pasando a través de mí y no al revés. Y quiero avanzar más rápido pero no puedo, voy como en cámara lenta y mi voz se desdibuja. Finalmente, llego al centro, a mi Minotauro...una cama, sábanas blancas, un gigantesco reloj color cobre con campanas, de los antiguos. Se esfuma el laberinto, estoy en mi cama, despierta finalmente, jadeando. |