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martes, 13 de julio de 2010

Una gran confesión de invierno

¡Bajas temperaturas y la mujer que me calienta tan lejos!
Debo reconocer que soy muy calentona, lo reconozco aquí, en frente de tanta concurrencia, mayormente silenciosa, que pasa, lee y se va. Y sí, en algún momento tenía que decirlo, estas cosas no se pueden callar para siempre. Entonces, en este sencillo acto, reconozco a grito pelado que soy calentona. Pero selectiva, eso si. Me calienta mi mujer. Es que pienso en ella y las cosquillitas no tardan. Un año y casi tres meses de estar juntas, y me trae de cabeza.
En broma ella me dice que soy sexópata, y yo hago la que me enojo, pero es que me da vergüenza (shhh no se lo digan) Es que en verdad, nunca me había sentido tan pero tan atraída por alguien, a tal punto de hacer de la persona equilibrada y austera que yo era, una especie de monstruo baboso (por ella siempre)
Creo que exageré un poco, pero a fines humorísticos y poéticos, la exageración es un buen recurso.
La verdad es que antes de conocerla, yo estaba convencida de que los asuntos de cama eran casi una invención hollywoodense.
Cuando hablamos acerca de nuestra primera vez, y mi primera vez con una mujer, ella me preguntó si no me había sentido rara o incómoda. Y la verdad es que nunca me había sentido tan cómoda en mi vida, nunca se me había hecho tan fácil amordazar los complejos, nunca se me había hecho tan fácil entregarme, así, sin cuerda de seguridad ni red de protección debajo. Y no me caí, fue exactamente lo que esperé y más aún.
Ella me sostiene, y yo a ella, y espero que sigamos en las alturas mucho tiempo.

Ya no la puede cantar, se le ha gastado la garganta como conspiración de los años y el tequila, pero ¿quién le quita lo bailado a Chavela?

Topita...¿bailamos?