Tengo diez años, leo a Galdós,Bradbury,Tagore, no me alcanzan cuatro libros entre manos, y es espléndido, magnífico, formidable. Y aún así, no sé nada.
Tengo quince años, leo a Aguinis, a Calvino, Borges, es emocionante, incomparable, inefable. Una nada tras otra.
Tengo dieciocho años, leo en idioma original a Alighieri, Silone, Boccaccio, Heaney, Shakespeare, inefable, sublime, divino. Y aún...es nada.
Tengo veinticinco años, me enamoro de los lusitanos, leo a Pessoa, Queiroz, Saramago, conmovedor, apasionante. Y se amontonan las letras en la misma montaña de nada.
Tengo treinta y un años. Tu cuerpo se abre frente a mí, se hace legible, devoro los renglones, los puntos, las comas. Admiro su sintaxis, su gramática, sus giros...Lo estudio con devoción de escribiente medieval, me constituyo en intérprete.
Aprendo tu cuerpo, para verte, para ser con vos.
Ahora todo tiene sentido, lo que fue nada ahora es.
Altibajos de la alfabetización.