Domingo...domingo es un adjetivo, una cualidad que se le imprime a este día de la semana previo al lunes. Un día que siempre aparece como visto a través de unos lentes de cristalles amarillentos, como un filtro de fotografía antiguo. Me recuerda a unos lentes que tenía cuando era chica, de plástico amarillo, y cuando miraba a través de ellos el mundo entero parecía padecer de ictericia.
Domingo es un preludio desafinado y ominoso de la semana de trabajo, ejecutado con violines destemplados y con un ventarrón quejoso como director.
Y es domingo cuando más te extraño o extrañarte es domingo... Es el punto cúlmine de mi paciencia de no verte, el pico en mi tolerancia de añorarte. El lunes, con el trabajo comienza la cura, la distracción y me acerca al momento de verte. Porque ya no puedo pensar en mí fuera de tus brazos. Porque sonrío al recordarte, aunque esté sola, aunque esté en una habitación llena de gente. Y yo no sonrío facilmente, no me dieron ese don cuando nací.
Y la falta de tus besos es domingo, la necesidad de tu boca también, porque no he encontrado en mi vida más verdad en mí misma y sentido en el mundo que cuando, abrazándote, mis labios buscan los tuyos, encontrando a la vez unidad. Y cuando más me hacen falta, es domingo, por eso es domingo la falta de tus besos (que es como decir que es horrible o insoportable o angustiante, todo aunado dentro de la palabra domingo que es a partir de ahora, un adjetivo en mi vocabulario)
Este día es domingo con todas las de la ley.
Un tango de domingo o tango domingo
Ninguna-Tango-Liliana Felipe by troubledmind
De cómo me descubrí lesbiana, de los acontecimientos que se sucedieron y de cómo los voy enfrentando.
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domingo, 25 de julio de 2010
domingo, 18 de abril de 2010
Chega de saudade (basta de "saudade", añoranza, nostalgia)
Domingo otra vez, inexorable. Marcados en rojo en el calendario, apiladitos unos sobre otros los números a los que este mes les ha caído en suerte (o en desgracia) hacer el papel de domingo.
No me gustan los domingos. Desde niña los veía llegar con temor, con recelo. Mi padre (se merece un post o varios aparte que quizás algún día escriba, por ahora solo basta decir que es para mí persona no grata) solía cargar a la familia en alguno de sus autos destartalados y llevarnos al centro de la ciudad (ciudad chica donde vivo) y quedarnos sentados dentro mirando a la gente pasar. Alguna que otra vez era ir a las afueras de la ciudad, por la ruta, parar en alguna parte a la orilla, y caminar entre los eucaliptus. Estas actividades, sumadas a mi melancolía congénita, hacían explosión y me generaban ese no se qué que aún hoy me molesta, especialmente los domingos.
Tengo mis bálsamos, las cosas que me rescatan de la pesadumbre, mi música especialmente, mi mujer... Cuando pienso en ella, el tedio dominical se transforma en un sentimiento de "saudade" extrema, pero visto los dolores del amor como si fueran la mejor seda de China. El sufrimiento del amor por el amor mismo es inevitable, y las cicatrices de las heridas las condecoraciones más valiosas a las que se puede aspirar, siendo humanos. Porque no es sino en el amor y para el amor que existimos, lo demás es ilusión.
No me gustan los domingos. Desde niña los veía llegar con temor, con recelo. Mi padre (se merece un post o varios aparte que quizás algún día escriba, por ahora solo basta decir que es para mí persona no grata) solía cargar a la familia en alguno de sus autos destartalados y llevarnos al centro de la ciudad (ciudad chica donde vivo) y quedarnos sentados dentro mirando a la gente pasar. Alguna que otra vez era ir a las afueras de la ciudad, por la ruta, parar en alguna parte a la orilla, y caminar entre los eucaliptus. Estas actividades, sumadas a mi melancolía congénita, hacían explosión y me generaban ese no se qué que aún hoy me molesta, especialmente los domingos.
Tengo mis bálsamos, las cosas que me rescatan de la pesadumbre, mi música especialmente, mi mujer... Cuando pienso en ella, el tedio dominical se transforma en un sentimiento de "saudade" extrema, pero visto los dolores del amor como si fueran la mejor seda de China. El sufrimiento del amor por el amor mismo es inevitable, y las cicatrices de las heridas las condecoraciones más valiosas a las que se puede aspirar, siendo humanos. Porque no es sino en el amor y para el amor que existimos, lo demás es ilusión.
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