Las razones son muchas, muchísimas. Cuando leí su blog, uno de ellos, me resultó interesante. Y cuando empezamos a hablar, me fascinó su inteligencia, su capacidad de jugar, su timidez. No conocía su aspecto y no me mandó una fotografía tan rápido, supongo que por la misma timidez. De todas maneras, cuando la vi en esa foto, con la camiseta de fútbol de Brasil y sus rulos largos y castaños, me terminé de enamorar del todo, si es que fuera eso posible. Y la amo por lo que despierta en mí, cosas que pensé que no poseía, como una ternura desbordante cuando estoy con ella.
Y la verdad es que desde que la conocí ocupa la mayor parte de mis pensamientos y sueños, y cuando me inspiro le escribo y cuando no estoy tan inspirada, le dedico poemas, como este, de Rabindranath Tagore:
| Para que yo no te conozca tan pronto, juegas conmigo... Para que yo no te conozca tan pronto, juegas conmigo. Me ciegas con tus repentinas risas para que no te vea tus lágrimas... Conozco, conozco tu arte. ¡Nunca dices lo que quieres decir! Por miedo a que yo no te tenga en lo que vales, me evitas de mil modos. Te apartas de la multitud para que yo no te confunda con ella... Conozco, conozco tu arte. ¡Nunca vas por donde quisieras ir! Como puedes más que nadie sobre mí, te callas. Me dejas mis regalos con descuido juguetón... Conozco, conozco tu arte. ¡Nunca aceptas lo que quisieras aceptar! |