viernes, 30 de abril de 2010

Pasen y vean...

Hacía quince años desde que el padre la había vendido al circo decadente que había parado cerca del caserío para conseguir agua y algo de comida. Con apenas doce años y la cara llena de vello, como una barba de pelo suave (años después había leído que la causa podría haber sido un desequilibrio hormonal, propio de la pre adolescencia) Y hacía catorce años, ocho meses y cinco días desde que el dueño del circo la había visitado por primera vez en el camastro que habían improvisado para ella en el trailer de los trastos. Le había puesto una almohada sobre la cabeza para no ver su fealdad. Se sintió morir. Los años pasaron y el patrón encontró otros camastros para visitar. Ella se escapaba, su imaginación volaba, se iba de su cuerpo. Pensaba en la hermosa trapecista, la mujer más bella del circo.
No solía hablar con nadie, era rara entre los raros. Nadie había tenido gestos de amabilidad con ella más que la trapecista que a veces le regalaba una sonrisa. Cuando pasado el tiempo el vello comenzó a caerse y no volvió, se vio forzada a usar una barba postiza, pegada al rostro, que no le permitió olvidar.
Mirando a la trapecista, su corazón daba vuelcos con las complicadas piruetas. A escondidas recogía las lentejuelas que se desprendían de su traje al entrenar, y las cosía de nuevo en su lugar. La trapecista nunca sospechó.
Un día, la mujer barbuda enfermó. Nadie se ofreció a cuidarla, solo la trapecista se acercó a llevarle algo de comida. Se sentó en el borde del catre y le dijo:-No eres fea- Sintió que su cara hervía y no podía articular palabra. Se limitó a mirarla agradecida. Cuando ella se reclinó para besar su frente, sintió el impulso de moverse para que no fuera su frente sino su boca la que recibiera el regalo, pero no pudo. Otro día, en otra oportunidad, en el próximo decenio...

Es una pequeña historia, tonta quizás...Pero las hay similares y a montones. Y conozco casos.

Mujer lagarto-Liliana Felipe by troubledmind

3 comentarios:

Saudade dijo...

Me refería a que conozco casos de abusos. Y lamentablemente todavía existe la idea de que se puede comerciar con los hijos.

NORMA SANTOS dijo...

Jo, que historia más triste Saudade...me has dejado mal cuerpo. Caserío es el nombre que le dan los vascos a sus casas típicas...¿te refieres a eso no?

Saudade dijo...

Hola Norma, caserío, para nosotros, es un conjunto de casitas precarias muy pobres, también se le dice así a donde se asientan algunos indígenas, siempre extremadamente pobres. Un saludito y que te sea leve la guardia en este día, felicidades para tí y Rosalia, y no trabajen demasiado!